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Cuando leer también significa encontrarse

La Fiesta del Libro de Medellín llega a sus 20 años con una programación que amplía la lectura hacia la oralidad, el cine, las artes y el encuentro entre comunidades.

Un libro puede comenzar en una página, pero no necesariamente termina en ella.

Esa parece ser una de las preguntas que atraviesa la edición número 20 de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. El encuentro, que se realiza hasta el 20 de septiembre, propone este año las “Travesías de la lectura” como tema central.

La programación reúne escritores, lectores, artistas, narradores, editoriales, colectivos y organizaciones en distintos espacios del Jardín Botánico, Parque Explora y la zona norte de la ciudad.

Pero más allá de las cifras y de los nombres invitados, la apuesta muestra otra transformación: la lectura ya no aparece únicamente como una actividad individual.

Del libro a la conversación

En la Fiesta, leer también puede significar escuchar una historia, participar en un taller, asistir a una película, conversar sobre memoria o acercarse a otras formas de narrar.

La programación incluye espacios de poesía, cine, narración oral, encuentros de saberes, talleres, clases maestras y actividades artísticas.

Esto cambia la relación tradicional entre lector y libro.

Una persona puede llegar al evento sin buscar un título específico y terminar vinculada a una conversación, una historia o una experiencia creativa.

La lectura aparece así como una puerta de entrada a otros lenguajes.

Corea del Sur también llega a través de sus historias

La presencia de Corea del Sur como invitado de honor no se limita a una muestra cultural.

El país participa con actividades relacionadas con literatura, ilustración, cine, música, escritura en hangeul y tradiciones visuales. El programa también incluye espacios dedicados al minhwa, la pintura tradicional coreana, y experiencias alrededor del vestuario y la cultura del país.

El ITM participa como coorganizador de esta programación. La institución anunció más de 40 actividades en el pabellón de Corea y otras 14 relacionadas con la Editorial ITM.

La propuesta permite que el público se acerque a una cultura extranjera desde diferentes lenguajes y no solamente desde la literatura.

Una fiesta que también busca salir del centro

Otra de las apuestas de los Eventos del Libro ha sido llevar autores y actividades hacia otros espacios de la ciudad.

La estrategia “Adopta a un Autor”, por ejemplo, busca generar encuentros entre escritores y comunidades de las comunas y corregimientos. La iniciativa hace parte de una programación que pretende descentralizar el acceso a estas experiencias.

Ese aspecto plantea una pregunta más amplia para Medellín: ¿qué ocurre cuando los libros dejan de depender de un lugar específico para encontrar lectores?

La respuesta no está solamente en vender más ejemplares.

También está en conseguir que una conversación sobre un libro llegue a alguien que todavía no se considera lector, que un niño encuentre una historia que quiera contar o que una comunidad pueda reconocer su propia experiencia en una narración.

Veinte años después

La Fiesta del Libro cumple dos décadas y llega a esta edición con una programación de más de 3.600 actividades y entrada libre. La organización también reporta más de 400 invitados nacionales e internacionales.

Sin embargo, el aniversario no solo permite mirar hacia atrás.

También sirve para preguntarse qué significa leer en una ciudad que cambia sus formas de comunicarse, consumir contenidos y relacionarse con las historias.

Porque un libro sigue siendo un objeto.

Pero alrededor de él pueden aparecer una conversación, una película, una ilustración, una canción, una memoria o una pregunta.

Y quizás ahí está una de las claves de esta edición: entender la lectura no como un punto de llegada, sino como el comienzo de una travesía.

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