Jhonatan Forero ha dedicado buena parte de su labor social a intentar cambiar esa mirada. el trabajo social se ha concentrado en acompañar a personas en condición de calle, acercarse a sus historias y buscar alternativas frente al consumo de sustancias y la ruptura de vínculos familiares.
En Medellín hay personas que pueden pasar semanas, meses o incluso años siendo reconocidas únicamente por el lugar donde duermen.
La calle termina convirtiéndose en su nombre.
A través de la Fundación Yonathan Forero, su trabajo se ha concentrado en acercarse a personas que viven en condición de calle, conocer sus historias y buscar alternativas cuando existe disposición para iniciar un proceso diferente.
Su herramienta también ha sido la comunicación.
Las redes sociales le han permitido contar esas historias y ponerlas frente a una audiencia que, en algunos casos, termina convirtiéndose en parte de la solución.
Primero está la persona
Uno de los elementos que caracteriza esta labor es el acercamiento directo.
No se trata únicamente de entregar una ayuda y retirarse.
La conversación permite conocer qué ocurrió antes de que una persona terminara viviendo en la calle.
En algunos casos aparecen problemas de consumo de sustancias.
En otros, rupturas familiares, pérdida de oportunidades, situaciones económicas o historias personales que terminaron alejando a la persona de su entorno.
Cada caso tiene características diferentes.
Por eso, tampoco existe una única respuesta.
La alimentación puede ser una necesidad inmediata. La ropa puede resolver una urgencia. Una llamada puede permitir recuperar un contacto familiar.
Y cuando existe voluntad de cambiar, puede comenzar un proceso de recuperación.
Las redes como herramienta social
Jhonatan Forero también convirtió sus redes sociales en una extensión de esa labor.
Las historias que encuentra en las calles son presentadas ante miles de personas.
Eso ha permitido que algunos casos sean reconocidos por familiares o que ciudadanos conozcan situaciones que normalmente permanecen fuera de la conversación pública.
La tecnología, en este caso, cumple una función diferente.
No se utiliza únicamente para mostrar lo que ocurre.
También puede servir para buscar una respuesta.
Una publicación puede ayudar a localizar a un familiar.
Una historia puede conseguir apoyo.
Una transmisión puede hacer visible una necesidad.
Pero existe una responsabilidad adicional: proteger la dignidad de las personas que aparecen frente a una cámara.
La condición de calle no debería convertirse en espectáculo.
Contar una historia también implica cuidar a quien la protagoniza.
Cuando aparece una oportunidad de cambio
Uno de los escenarios más complejos está relacionado con las personas que quieren abandonar el consumo de sustancias.
La Fundación Yonathan Forero ha acompañado casos en los que se busca conectar a estas personas con procesos de recuperación.
Sin embargo, entrar a un proceso no significa que el problema desaparezca.
La recuperación puede tener avances, dificultades y recaídas.
También depende de la voluntad de la persona y del acompañamiento que exista después.
Por eso, hablar de “rescatar” a alguien puede resultar insuficiente.
El verdadero reto comienza cuando una persona debe reconstruir su vida lejos de la calle.
Volver a encontrar a la familia
Algunas de las historias que han pasado por la labor de Forero tienen otro elemento en común: la búsqueda de familiares.
La vida en calle puede romper vínculos durante años.
Una persona puede perder contacto con sus padres, hermanos, hijos o amigos.
En esos casos, encontrar un número telefónico o identificar un lugar de procedencia puede convertirse en el primer paso para recuperar una relación.
Las redes sociales amplifican esa posibilidad.
Una historia publicada en Medellín puede terminar siendo vista por alguien que vive en otro departamento.
El objetivo deja de ser solamente contar lo que está ocurriendo.
También aparece la posibilidad de volver a conectar una vida con su historia.
Una problemática que no tiene una sola explicación
El trabajo de Forero también permite observar que la condición de calle no puede explicarse únicamente desde el consumo de drogas.
Las historias son distintas.
Hay personas que llegaron después de perder vínculos familiares. Otras enfrentaron dificultades económicas. También existen casos relacionados con violencia, abandono y exclusión.
Reducir todas esas historias a una sola causa termina ocultando parte del problema.
Por eso, la atención requiere diferentes respuestas.
Algunas personas necesitan alimentación.
Otras requieren atención en salud.
Hay quienes necesitan recuperar documentos o contactos familiares.
Y también están quienes buscan una oportunidad para iniciar un proceso de recuperación.
Una labor que ocurre en la calle
La Fundación Yonathan Forero ha hecho de la calle uno de sus principales escenarios de acción.
Allí donde normalmente aparecen estadísticas, Forero busca encontrar nombres.
Detrás de cada persona existe una historia que no comenzó en una acera.
Hubo una vida anterior.
Hubo una familia.
Hubo decisiones, circunstancias y momentos que llevaron hasta ese punto.
Conocer esa historia cambia también la manera de entender el problema.
No significa justificar las decisiones de una persona.
Significa comprender que una condición de calle no define toda una vida.
El desafío después de ayudar
Entregar comida puede resolver el hambre de un día.
Conseguir ropa puede solucionar una necesidad inmediata.
Encontrar a una familia puede abrir una puerta.
Pero ninguno de esos pasos garantiza por sí solo que una persona abandone definitivamente la calle.
Ese es uno de los mayores desafíos de cualquier proceso social.
La ayuda inmediata atiende una necesidad.
El acompañamiento sostenido intenta modificar una realidad.
Entre ambos existe una distancia que no siempre es sencilla de recorrer.
Por eso, el trabajo social también necesita paciencia.
Hay historias que cambian rápidamente.
Otras requieren años.
Algunas personas regresan a la calle después de haber intentado salir.
Eso también forma parte de la realidad.
Jhonatan Forero, detrás de las historias
La labor de Jhonatan Forero se ha construido en un escenario poco cómodo: el lugar donde muchas personas prefieren no detenerse.
Su trabajo consiste en acercarse.
Preguntar.
Escuchar.
Contar.
Y, cuando existe una posibilidad, intentar conectar a esa persona con una alternativa.
La Fundación Yonathan Forero ha convertido esa labor en un ejercicio permanente de acompañamiento social.
Su presencia en redes ha hecho que muchas de esas historias salgan de las calles y lleguen a miles de personas.
Pero el verdadero alcance de una historia no está solamente en cuántas personas la ven.
Está en lo que ocurre después.
Si aparece una familia.
Si alguien acepta iniciar un proceso.
Si una persona consigue una nueva oportunidad.
O simplemente si alguien que durante años fue ignorado vuelve a ser reconocido por su nombre.
Ese es el punto donde una historia deja de ser contenido y se convierte en una posibilidad de cambio.
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